
Escuché tu voz...la escuché de igual manera que si estuvieses hablándome al oído, susurrándome suaves palabras. Inconscientemente una sonrisa apareció en mi rostro, cerré los ojos y apoyé la cabeza en el cristal, dejé que mi mente viajase...la dejé libre y gracias a ello llegué a ti. Te sentías como una canción triste sin nada que decir, querías irte, irte lejos, olvidarte de todo y huir de una vida llena de dolor, me miraste con ojos llorosos y negaste con la cabeza...En ese momento me acerqué a ti, quedándome sentada a tu lado, acariciando tus muñecas con cuidado, curando las heridas de tu pasado...poco a poco tus lágrimas comenzaban a dejar de caer y una débil sonrisa se dibujaba en tu cara, besé tu frente y tu sonrisa se amplió.
Vimos la puesta de sol cerca del lago mientras te abrazaba con fuerza por la espalda, dejando apoyado el mentón en tu hombro, suspiraste con fuerza y te acomodaste...te sentías a gusto...cogiste mis manos, acariciándolas lentamente...y así, vimos la puesta de sol...
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