lunes, 8 de noviembre de 2010




Nunca me había parado a mirar las hojas caer, simplemente ver como su vida se acaba en un instante y deja un hueco vacío en la rama, rugosa y envejecida por el tiempo.
Me gustaría ser una hoja en ese momento para sentir, cuán fría puede llegar a ser la muerte, cuán placentera puede llegar a ser una caída en picado hacia sus brazos.
Cubiertas por el blanquecino manto del invierno, reposan tranquilas, aguardando una nueva caída.
Reflexionando a cerca de mi pasado, me he percatado de lo ignorante, o inocente, que pude llegar a ser. Independientemente de la edad...A veces me gusta sentirme sola, da tiempo para pensar, para reir, para llorar sin que nadie pueda abrazarte o dedicarte unas palabras de ánimo, las cuales tal vez solo se queden en palabras, en un seco susurro que no llega a su destino.
La compañía no siempre es necesaria...pero, para bien o para mal, siempre está ahí.



Aya 15:22 8/11/2010

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